En la mayoría de los actos contra la guerra
que se realizan casi a diario, es habitual concentrarse en las estrategias
militares, los intereses de los “bandos”, el control geopolítico y la
envergadura de los negocios que se derivarán de la “reconstrucción” de los
países destrozados.
Ahora se añade el drama de las “personas
refugiadas”, a menudo convertidas en “terroristas” por políticos y medios de
comunicación. Pero hay caras, efectos y consecuencias que son silenciadas, cuya
crueldad es estremecedora. Uno de estos fenómenos es la violencia que sufren las
mujeres en semejantes escenarios. Un titular: “Las mujeres en Alepo se suicidan
para evitar ser violadas”.
Son víctimas de todo ese carnaval de violencia
que es la guerra, la que puede definirse por el uso que hace de la capacidad de
causar dolor, de provocar destrucción y muerte con el objetivo de doblegar la
voluntad de otras personas. Y una de las estrategias que se usa para eliminar
la resistencia a la imposición es generar miedo, a través de cualquier forma de
destrucción y violencia.
Especialmente por el lado del atacante se
exhibe la capacidad de hacer daño, porque es esa exhibición la que provoca
miedo. Y el miedo paraliza e inhibe la acción.
Siguiendo ese enfoque, es de sobra conocido el
uso de la violencia sexual contra las mujeres en la guerra. Las violaciones,
los matrimonios forzosos, el acoso, la esclavitud. ¿Podemos imaginar algo que
pueda amenazarnos de tal modo que deseemos la muerte? Eso está pasando, en
Alepo y en otros lugares.
“Alepo será recordado ya por las muertes. En los próximos días, cientos o
miles de personas serán asesinados y desaparecerán sin rastro alguno. Las
mujeres de Alepo se suicidan para no ser violadas. La gente está siendo quemada
viva, según reportes”. Estas frases forman parte de testimonios que circulan en
las redes. Es el manejo de la capacidad de causar dolor como uno de los
mecanismos más refinados y más antiguos de control.
Las mujeres son el botín de guerra de todas
las guerras desde que el mundo es mundo. Como bien describe Amnistía
Internacional, “las mujeres no van a la guerra, la encuentran en sus países. No
son ellas quienes deciden si habrá o no guerra, no están nunca en posición de
poder: nadie les pregunta. Y cuando se la encuentran, no sólo sufren asesinatos
de seres queridos o pérdidas materiales, como pueden sufrir los hombres
víctimas del mismo conflicto, sino que tienen un añadido de sufrimiento sólo
por su género. Son los trofeos de los soldados, objetos contra los que
descargar específicamente la ira, el odio y la violencia”.
Hasta soldados enviados a países en misión de
paz cometen violaciones, como sucedió en la República Centroafricana, donde los
soldados de la Organización de las Naciones Unidas abusaron sexualmente de más
de cien mujeres y niñas.
Hoy en Alepo las mujeres gritan: “No tenemos
miedo a la muerte; tenemos miedo a las violaciones y torturas”. (AmecoPress /
La Independent)
Las mujeres de Alepo se suicidan para evitar ser violadas
10/Ene/2017
La República